martes, 5 de abril de 2011

La Nerva de cuando yo nací (por Antonio Perejil Delay)


Los vencedores de la Guerra Incivil del treinta y seis, se paseaban por las calles con sus yugos y sus flechas, humillando sin piedad a los vencidos, y ocupando todos los puestos de responsabilidad en las instituciones públicas...donde los retratos de Franco y José Antonio perpetuaban la idea de aquel país tan grande y libre, que se exportaba a los cinco continentes del mundo como un producto Made in Spain. Sin embargo, aquella Nerva de 1955 olía a cloacas inmundas, a zahurdas humanas sin luz y sin ventilación, a cagajón defecado en medio de la calle, a meado corrompido en las tabernas, a botas de cuero y a sudor podrido, a colonia barata y brillantina, a flor de aguardiente matinal y a mustio clavel de cementerio.

Ahora que paso ya del medio siglo, me pongo a recordar aquellos tiempos, sin odios ni rencores; y descubro, sin proponérmelo siquiera, esos retratos entrañables que siempre me acompañaron desde mi niñez y que nunca se borrarán de mi memoria: ¿Cómo puedo olvidarme de aquellas cruces de cal, que pintaban cada día de los difuntos los familiares de los fusilados durante la Guerra, sobre el viejo muro que rodeaba la estación de trenes?. ¿Cómo puedo olvidarme de aquellos niños pobres, hijos de mineros muertos (infectados de liendres y piojos), que tenían que abandonar la escuela para ponerse a guardar cabras?. ¿Cómo puedo olvidarme de aquellas accesorias inmundas (sin luz, sin agua y sin ventilación), donde vivían en condiciones infrahumanas muchas familias numerosas?.


¿Cómo puedo olvidarme de aqu
ellas mujeres de mineros que iban a la Plaza de Abastos, a última hora de la mañana, para comprar el pescado o la carne más barata que nadie había querido?. ¿Cómo puedo olvidarme de aquellas tiendecitas de barrio, donde las familias más pobres tenían que comprar fiado, mediante unas libretas en las que se anotaban diariamente todas las trampas que se hacían?. ¿Cómo puedo olvidarme de aquellos hombres silicosos, que después de regresar de las negras contraminas, se iban al campo a hacer cisco, para luego venderlo por las calles?. ¿Cómo puedo olvidarme de personas aún más pobres, que para poder sobrevivir, hacían rifas y vendían papeletas en la Puerta de la Plaza?. ¿Cómo puedo olvidarme de aquel ejército de niños huérfanos que vivían en el Auxilio Social, junto al Llano de los Caballitos?. Aquellos niños de cabeza rapada, vestidos con pantalón corto y camisola gris, iban todos los domingos a misa en fila india; y nosotros los mirábamos atentamente, como compadeciéndonos de ellos, porque no tenían padre. Después los llevaban de paseo, pero regresaban antes de ponerse el sol.

También durante aquellos años, se manipuló hábilmente la historia, y se establecieron fiestas estrechamente relacionadas con el régimen de Franco; pue
s de las diez fiestas nacionales que se celebraban anualmente, seis de ellas se referían a personajes y hechos memorables de la Guerra Civil. En el caso concreto de Nerva, también se celebraba una fiesta local cada 26 de Agosto, que fue impuesta por los vencedores a partir de 1939. Esta vergonzosa fiesta se refería textualmente (según la Guía Oficial del Ayuntamiento de 1955) a la LIBERACIÓN (de Nerva) DEL YUGO MARXISTA POR LAS TROPAS NACIONALES. Supongo que aquella fastuosa celebración irritaría muy especialmente a todos los nervenses de izquierdas que se distinguieron por defender a la República, y también a aquellas personas que sufrieron en sus carnes la pérdida de algún ser querido durante la contienda. Para más vergüenza aún, en aquella Nerva de 1955 había también una calle dedicada a Mussolini. Sin embargo el régimen de Franco, a pesar de su impopularidad creciente y de su completo aislamiento autárquico, se empeñaba en demostrarle a todas las naciones del mundo que contaba con el apoyo de los españoles, y reiteraba machaconamente en todos los medios de comunicación que como en España no se vivía en ninguna parte.

Por los tiernos cristales de mis ojos pasaron también retratos agradables, de esos que no suelen olvidarse nunca. Una de aquellas estampas instantáneas era la del Paseo, que estaba siempre lleno a reventar de gente, sobre todo cuando llegaba el tiempo apacible de la primavera o el estío. En aquel Paseo se forjaron muchas amistades silenciosas, se enamoraron muchos hombres y mujeres, y se formalizaron con el tiempo muchos matrimonios.

Otra estampa campestre que me llenaba de gozo y de felicidad, era la gira que hacíamos todos los años por el día de San Antonio, hasta un lugar conocido popularmente como La Juntanilla. A este lugar se podía llegar en coche, en bestias o andando…aunque la más corriente era esta última modalidad. El rito consistía en acomodarse debajo de las encinas que proyectaban mayor sombra; pero como había una que era la más grande, algunas familias se iban el sábado por la tarde y pasaban la noche “guardando” dicha encina. Una vez que amanecía el domingo, que siempre era posterior al 13 de junio, las mujeres se quedaban preparando el almuerzo, y los hombres y los niños nos bañábamos en la Ribera de Jarrama. Luego, a la hora de ponerse el sol, regresábamos a casa muy cansados, pero con la ilusión de volver el año próximo.


Otra estampa entrañable de mediados de los años cincuenta, era el tablado de la música que ponían en El Triángulo. La gente se agolpaba alrededor, mientras se escuchaban los alegres compases de la banda de música municipal dirigida por el Maestro Rojas, o el cante inimitable de Antonio Molina y Juanito Valderrama. Tampoco se me podrán olvidar las sesiones de cine de las cinco de la tarde (los domingos en el Teatro Victoria), en las que los niños siempre aplaudíamos a rabiar cuando venían los buenos…ni aquellas antiguas comuniones que se celebraban con chocolate y pastas dulces en el antiguo Bar El Goro, mientras que a nuestros padres se les caía la baba, viendo cómo disfrutábamos alegremente de aquel día tan especial.

Pero la noticia más destacada de 1955, fue sin duda alguna, la nacionalización de las Minas de Riotinto por la banca española de entonces. Por fin, la historia se encargaba poco a poco de ir poniendo las cosas en su sitio. Ciertamente, aquel acontecimiento fue muy bien recibido por los trabajadores españoles, que desde hacía mucho tiempo odiaban y despreciaban a los ingleses de la extinguida RTCL. Sin embargo, lo que en principio parecía un cambio diametral de actitud en favor de los mineros, muy pronto se convirtió en una triste decepción. Pues detrás del cambio de nombre y del cambio de jefes, los nuevos trabajadores de la Compañía Española de Minas de Río Tinto, siguieron ganando sueldos de miseria; y siguieron perdiendo su salud en las negras contraminas, y siguieron trabajando sin medidas de seguridad adecuadas. Y a nuestros padres se les siguió tratando con el látigo como en la época de los ingleses; y las mujeres viudas que perdían a sus cónyuges, seguían arrodillándose a los pies de los jefes españoles, implorando alguna ayuda extraordinaria para criar a sus hijos...Y los muertos de hambre que robaban pedazos de cobre o de hierro en las propiedades de La Compañía, para poder sobrevivir, eran condenados a la cárcel sin piedad. Y a la mayoría de nuestras madres tuvieron que seguir fiándole en las tiendas (si querían alimentarse todo el mes completo), hasta que cobraban sus maridos. Y aquellos que no tenían la suerte de trabajar en las Minas de Riotinto, tuvieron que seguir viviendo de la mendicidad, como eternos marginados de la sociedad nervense.

Aún así y todo, la Nerva de 1955 se esforzaba diariamente por librarse de las ataduras del sistema caciquil de entonces, utilizando para ello todo el ingenio e imaginación habido y por haber. Pues aunque el régimen de Franco nunca dejo de ser autoritario y prohibitivo, Nerva siguió siendo un pueblo de rebeldía contenida durante aquellos años de posguerra; y a pesar de la vigilancia casi militar a la que estaba sometido, se planteó como primera meta la recuperación de sus señas de identidad tradicionales, hasta consolidarse como el pueblo diferente de la Cuenca Minera. Para conseguir ese objetivo hubo que vencer muchas dificultades, pero los nervenses nunca dieron muestras de debilidad ante los despiadados métodos de represión que impuso el Régimen, para desarmar ideológicamente a los mineros de Riotinto.


Soneto a la Nerva del 55, publicado en la Guía Oficial de Nerva del año 1955, y cuyo autor responde a las iniciales abajo firmantes: A.F.M

La importancia de Nerva, como centro neurálgico de los pueblos perimetrales de la comarca minera de Riotinto, siempre estuvo determinada por su excelente infraestructura comercial; pero había que interesarse diariamente por el sostenimiento de aquella vasta infraestructura, si se querían cubrir con éxito las necesidades básicas de una población de casi 12.000 habitantes. Para que esto se comprenda mejor, diré que según la Guía Oficial del Ayuntamiento de 1955, Nerva disponía de los siguientes establecimientos comerciales: 27 abacerías; 14 barberías; 8 bares; 20 bodegones o tabernas; 3 casas de bicicletas de alquiler; 6 tiendas de calzado; 16 carpinterías de madera; 7 puestos de carne en la Plaza de Abastos; 22 puestos de chacina en la Plaza de Abastos; 48 puestos de frutas y verduras en la Plaza de Abastos; 16 puestos de pescado en la Plaza de Abastos; 4 farmacias; 3 droguerías; 7 estancos; 2 fábricas de gaseosa; 2 fábricas de hielo; 9 casas de huéspedes; 3 posadas; 6 lecherías; 6 puestos de churros; 10 tiendas de tejidos; 17 panaderías; 7 sastrerías; 16 vehículos dedicados al transporte público; 9 zapateros y 14 tiendas de ultramarinos.


Antonio Perejil Delay
Gerena, 23 de Octubre, de 2006


Fuentes consultadas: Guía Oficial del Ayuntamiento de Nerva de 1955.
Fotos: Paco Labrador y grupo Cuenca Minera de Riotinto (Fotos Antiguas)

6 comentarios:

Miguel dijo...

Amigo Antonio: leer tus escritos tanto aquí en La Factoría, cómo en los libros que tienes publicados, me suponen recordar unos tiempos, que quizás por la niñez y juventud de aquella época, yo no supiera comprender lo difíciles que fueron para nuestros padres. Sobre todo porque cuando llego a Nerva, todo lo que comentas ya iba mejorando lentamente. Pero al leerlos en estos momentos, y a pesar de los años que ya pesan sobre nuestras espaldas, me haces regresar momentáneamente a aquellos tiempos en que desde la niñez, yo fuí feliz en Nerva.

Tiempos difíciles amigo Antonio, sin duda, pero bendita Nerva; ¡cuanta vida había en sus calles!

Hoy añoro en esas calles cuando voy todo el ir y venir de sus gentes: esa plaza de abastos, ese paseo siempre lleno de jóvenes y mayores; sus bares a rebosar, la parada de autobuses, sus tardes de cine, su fiesta de Agosto,la noche de Fin de Año y un largo etcétera que ya sólo es recuerdo.

Sólo decirte amigo Antonio, que sigas aportando siempre todo aquello que sabes y que no es poco, para que los que no sabemos o desconocemos, podamos tener la facilidad de enterarnos por las inigualables formas de expresión que tanto te caracterizan. ¡No cambies nunca!

¡Apretón de manos, amigo Antonio!

Anónimo dijo...

Antonio, me alegra enormemente que alguien de Nerva comente algo sobre el colegio del llano de los caballitos, yo soy uno de los muchos niños de cabeza rapada que el regimen hacia pasear los domingos en fila para ir a misa, ayudar a misa, hacer guardia en la cruz de los caidos vestido de falangistas, cantar canciones de falange, pero de todo añoro Nerva en mi infancia, a don Carlos que era alcalde y medico, al parroco don Antonio Pulido, al coajutor don Idelfonso (excelente persona), a doña Maria Feria, directora de ese colegio natural del Alosno y del personal de servicio, Antonia Dominguez, Emilia, Pepe Moya de los cuales he perdido todo contacto y que espero algun dia comunicarme con algun familiar.
Un fuerte abrazo y gracias por haberme hecho recordar mi infancia.

Anónimo dijo...

para anonimo yo tambien soyuno de losniños del hogar me llamo isaac ytu como te lamas

Anónimo dijo...

Isaac, perdona pero perdi la pagina, me llamo Pedro Bermúdez y estuve entre los años 57 y 63 en la epoca en que murio un compañero por infeccion de una vacuna que se llamaba Ignacio. Saludos y perdona mi tardanza.

claudio dijo...

Comentando el colegio, mis abuelos vivian en la planta alta del edificio (c/roma nº 1). Me crie entre esta casa y la de mis otros abuelos en al calle Pacifico. Nunca olviadré del colegio que todas las mañanas me despertaba el el "Cara al Sol", antes de entrar en clase. Cuando estaba en verano me iba muchas tarde a los comedores a ver la television. Y sobre todo no olvidaré nunca la feria en el llano de los caballitos. Inolvidables esos dias de agosto. Una infancia y juventud que nunca olvidaré.

rakel dijo...

Buenas a todos yo soy hija de un antiguo alumno del colegio mi padre se llama jose maría y tiene ahora unos 65 años y tb esta buscando a antiguos compañeros suyos pero apenas se acuerda de sus nombre. Haber si alguien puede reconocerlo. Gracias y si pudiera ser asin ponerse en contacto comnigo q yo os dare su correo electronici. rglezleandro@hotmail.com. saludos