sábado, 21 de agosto de 2010

LA CHAPARRITA: de negocio minero modélico a fracaso empresarial (1856-1910). Por Iván Carrasco (I )

A medida que se hacía patente el agotamiento de los minerales más ricos, se hicieron habituales las entresacas o labores de rapiña, para recuperar el mineral de alta ley abandonado como sostenimiento en los pilares y entrepisos, Esto provocó hundimientos que condujeron al replanteo del laboreo.

Como el mineral se encontraba a poca profundidad, en 1870 se decidió comenzar las labores a cielo abierto, abriéndose una pequeña corta en el extremo noroeste del yacimiento, coincidiendo con la zona de mayor potencia de la masa. Esta corta se mantuvo activa durante 16 años, aunque lo producción anual nunca alcanzó las 1000 t. obteniéndose un máximo de 865 t en 1882. Un año antes trabajaban en la mina 56 mineros.

El consultor Valat examina una muestra ante el director Constantine Fernau y otro personaje. Un minero observa desde la penumbra del socavón de desagüe (MCN. 1907).

La fracción rica del mineral extraído, se trataba por fundición directa en la propia mina y la pobre por calcinación al aire libre, lixiviando posteriormente los residuos con aguas agrias y precipitando el cobre por cementación en los canaleos.La cáscara obtenida, se refinaba en la fundición, Finalmente, los torales de cobre fino se transportaban a lomo de caballerías hasta Sevilla. Estos productos tenían gran aceptación en la capital andaluza por su excelente aplicación en trabajos de calderería.

La Estadística Minera muestra como en 1884 La Chaparrita, con una pequeña producción de 527 t, ocupaba un puesto de mayor importancia entre las minas productoras de cobre fino de Huelva, superando incluso a su vecina Peña del Hierro. La ley media del mineral ese año sobrepaso el 6%.

Con el tiempo, la riqueza del mineral y la pureza del cobre producido, contribuyeron a forjar la reputación de La Chaparrita como "gran mina". Su cercanía a Riotinto, "la California del Cobre", hizo el resto para que la leyenda perdurase, aunque para entonces la masa estaba prácticamente agotada. En 1891, la mina estaba parada y solo 4 operarios se ocupaban en labores de exterior.

Entre 1855 y 1886, la producción de la mina totalizó 69.843 t lo que supone una media anual de 2.183 t. Esta cifra es engañosa dado que, como se ha comentado anteriormente, las producciones del cielo abierto durante la etapa de recuperación de pilares hacen descender la media global de los primeros años de explotación subterránea. Según algunos autores, de esta producción alrededor de 10.000 t alcanzaron una ley del 12 % en cobre, mientras que para el resto sólo era del 2 al 3 %.

A comienzos del siglo XX, en La Chaparrita se encontraban en superficie los restos de esa primera etapa de producción en forma de morrongos y piritas lavadas: En 1929, los geólogos de la compañía de Riotinto cubicaron estos acopios en 22.540 t. Pinedo Vara da una estimación ligeramente más al alza y aporta leyes: 30.000 t con un 43,71 % de hierro, un 30,28 % de sílice y un 1,3 % de azufre. La baja proporción de este elemento es consecuencia de la calcinación en teleras, en el que se perdía la mayor parte del azufre en los humos.


Mujeres ocupadas en la selección del mineral de alta ley. A la izquierda se observa la chimenea de la antigua fundición (MCN. 1907).

La Chaparrita finalizó sus días productivos como tantas otras minas de Huelva; agotado el mineral, se provocó la inundación de las labores, recojiéndose las aguas en el Socabón de Desagüe. Éstas, unidas a los lixiviados procedentes de los morrongos y los terreros, se condicían hacia la cementación para producir cáscara de cobre. Por este método, la mina estuvo dando entre 4 y 8 t anuales de cobre fino al menos hasta los primeros años del siglo XX. En este periodo, algunos azufrones de baja ley de la corta se depositaron en los terreros para someterlos a lixiviación. El director de la explotación era D. Manuel Piérola, vecino de Nerva y propietario de diversos permisos de invetigación en la provincia de Huelva.

1 comentario:

Jose Luis dijo...

Excelente artículo Iván, me alegro encontrarte por aquí.
Saludos.
José Luis Carrizo.