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jueves, 19 de septiembre de 2013

'Los Tiros, a vista de León Brázquez

Al hilo del post de esta mañana sobre las nuevas líneas de investigación que van surgiendo acerca del legado y la historia de la Cuenca Minera de Riotinto en el nuevo curso de la UHU , - y sobre todo en relación con el trabajo que presentará en dicho curso nuestro colaborador Juan Manuel López-  rescatamos aquí la noticia de principios de este mes respecto a la conferencia que el periodista nervense y colaborador de La Factoría, Juan Carlos León Brázquez, enunció en Minas de Riotinto a principios de mes de septiembre. dentro de los actos del 125 aniversario del Año de los Tiros en el que estamos inmersos.



El periodista asegura que "nunca conoceremos el número de muertos"

Huelva Información. 08.09.2013. "No creo que lleguemos a saber quién dio la orden de fuego que originó aquella masacre, ni conoceremos la realidad sobre el número de muertos que produjo", afirmó el pasado viernes el periodista Juan Carlos León Brázquez durante la conferencia sobre El Año de los Tiros que ofreció dentro del ciclo organizado por el Ayuntamiento de Minas de Ríotinto para rememorar el 125 aniversario del Año de los Tiros. 

El periodista, colaborador habitual de Huelva Información, y que publicó el pasado 3 de febrero en este periódico un artículo sobre aquellos hechos titulado "La Masacre Medioambiental", reconoció que al cabo de tantos años se hace muy difícil la labor de investigación y se mostró escéptico sobre la aparición de nuevos datos, aunque recordó que el líder de aquella manifestación, Maximiliano Tornet, apareció, tras más de 120 años. 

Sostuvo que si la historia es muy rica por 5.000 años de explotación en la mina más antigua del mundo, el presente y el futuro es difícil por el agotamiento de tanta explotación. El periodista se presentó con una docena de libros, escritos por historiadores, periodistas y novelistas, para ir desgranando los sucesos a través de su contenido. (...) Sigue leyendo en Huelva Información, pinchando AQUÍ 

+info en HuelvaBuenasNoticias: León Brázquez desvela en Ríotinto nuevas informaciones de sus investigaciones sobre el Año de los Tiros

viernes, 22 de marzo de 2013

Los humos de las teleras. Desde sus orígenes hasta después de los sucesos del 4 de febrero de 1888 en las Minas de Riotinto (VII). Por Antonio Perjil Delay


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Plaza de la Constitución de la Mina, donde ocurrieron los sucesos (A.P.D)

7.- LOS HUMOS DE LAS TELERAS: ¿UN PROBLEMA MEDIOAMBIENTAL, LABORAL O DE SALUD PÚBLICA?


Sobre los humos de las teleras se ha escrito tanto, sobre todo en el último tercio del siglo XIX, que no es posible hallar artículos de prensa o libros de la época que estén escritos de forma objetiva e imparcial. En este sentido, resulta obvio que la opinión de la Compañía de Río Tinto y la de los médicos “comprados” que se alinearon con ella es totalmente contraria a las tesis que defendían los propietarios agrícolas de los pueblos afectados y a las que defendían los mineros. Lo que pasa es que dentro de estos tres colectivos (agricultores, mineros y RTCL 24), quizás el que se hallaba en una situación más comprometida a la hora de tomar decisiones, era el colectivo de los trabajadores de la mina: pues aunque por un lado simpatizaban con las consignas de la Comisión Antihumos 25  y eran conscientes de los daños que las calcinaciones ocasionaban en la salud y en la vegetación; tampoco era menos cierto que si se posicionaban abiertamente en contra de la RTCL, podían peligrar sus puestos de trabajo, como consecuencia de las represalias tomadas por la Compañía. Esa es la razón (como veremos más adelante) de por qué algunos ayuntamientos después de prohibir en sus términos municipales las calcinaciones, se vieron obligados a dar marcha atrás, ante las reiteradas presiones de los trabajadores mineros, que no veían otra forma de ganarse la vida.

Por tanto hay que convenir que mientras se libró la batalla de los Humos de Huelva, cada una de las partes involucradas jugó un determinado papel y defendió ciegamente las consignas que creyó conveniente. Por eso los propietarios de las tierras afectadas, entendían el problema de los humos desde una perspectiva eminentemente agrícola y no laboral ni humano, aunque en el fondo le hiciesen guiños (con el fin de ponerlos de su parte) a todos los que defendían sus puestos de trabajo y su salud. Pero la prensa de la época demuestra muy a las claras que preocupaba fundamentalmente a los anti-humistas eran los daños que sufrían sus campos y las indemnizaciones reclamadas a las compañías mineras. La salud fue siempre para ellos un problema de segundo orden, aunque intentaran demostrar lo contrario.

Una prueba palpable y fehaciente de que los intereses de los mineros eran, en cierto modo, contrapuestos a los de los agricultores, es la negativa de los ayuntamientos de Nerva y Río Tinto a prohibir las calcinaciones en sus minas, antes y después del Decreto Albareda, promulgado el 29 de febrero de 1888. Del mismo modo (aunque parezca un contrasentido), el Ayuntamiento de Calañas se vio obligado a permitir las calcinaciones después de volverlas a prohibir el 20 de diciembre de 1879, debido a las continuas quejas de los mineros de Sotiel y La Zarza 26. Y un caso similar fue el ocurrido con el Ayuntamiento de Alosno, que después de prohibir las calcinaciones el 21-12-1879, tuvo que seguir consintiéndolas, por la presión popular de los trabajadores de las minas de Tharsis . Estos hechos que acabamos de narrar pueden hacernos suponer que en los pueblos donde se prohibieron las calcinaciones al aire libre, no se contó con el consentimiento general de los trabajadores de las minas, y es por eso que luego, cuando se dieron cuenta que la minería era su único sustento, se mostraron disconformes con que las decisiones adoptadas por sus ayuntamientos.

No obstante, nos consta que a pesar de lo arriesgado que resultaba en aquellos tiempos posicionarse en contra de la Río Tinto Company Limited, un buen número de obreros pidió el cese de las “teleras”; no sabemos si influenciados por Maximiliano Tornet, o presionados por los líderes de la Comisión Antihumos. Esta actitud abiertamente combativa por parte de los mineros, puede incluso demostrarse mediante el artículo que dirigieron dichos trabajadores al Ayuntamiento de Minas de Río Tinto, y que apareció publicado en el periódico EL SIGLO FUTURO, de 9 de febrero de 1888. En dicho artículo, “Los que suscriben, operarios de este establecimiento minero, y representando a 4.000 operarios próximamente, dicen que teniendo la seguridad de lo perjudiciales que son los gases sulfurosos que despiden los minerales de cobre en combustión, y creyendo tienen autoridad bastante las corporaciones municipales para prohibir todo aquello que en su término dañe la salud pública, se atreven a suplicarle se dignen tomar un acuerdo prohibiendo las calcinaciones al aire libre, evitando así tener que lamentar desgracias personales como las ocurridas en las personas de Juan Muñiz, Gil Márquez, Felipe Morueta, Gabriela García Martín y otros muchos más cuyos nombres no recuerdan los firmantes 28 ”.

Sin embargo, un grupo de trabajadores de Sotiel Coronada, le pidió al alcalde de Calañas que suspendiera el acuerdo que habían tomado prohibiendo las calcinaciones, como puede comprobarse en el artículo publicado por el periódico LA MONARQUÍA, de 26 de febrero de 1888: “En Valverde (Huelva) ochocientos ochenta y seis obreros de la mina Sotiel Coronada, han firmado una exposición dirigida al alcalde de Calañas, en solicitud de que suspenda el acuerdo del Ayuntamiento que preside, prohibiendo las calcinaciones al aire libre, considerando dicha disposición como eminentemente perjudicial para la clase obrera. Los recurrentes apoyan su demanda en que no es posible que el derecho de determinado número  de propietarios y labradores, pueda llegar hasta el extremo de causar grave daño a los intereses de una clase tan numerosa como es la obrera …29

Según se desprende de este interesante artículo, es fácil deducir que los intereses de los agricultores y grandes propietarios eran contrarios a los de los mineros. Por tanto, resultaba verdaderamente difícil que las reivindicaciones de ambos colectivos tuviesen los mismos denominadores comunes. Por eso, si analizamos el caso de la manifestación del 4 de febrero en la Plaza de la Mina, comprobaremos que se trata de un caso  completamente atípico, si tenemos en cuenta la problemática general de los humos y los problemas específicos de cada una de las minas que calcinaban sus minerales al aire libre. En las Minas de Río Tinto fue donde únicamente resultó posible la unidad entre los mineros y los agricultores; lo que no sabemos demasiado bien es si se trataba de una unión circunstancial, condicionada por los intereses de los grandes propietarios, o simplemente fue la consecuencia lógica de un hermanamiento interesado, auspiciado por Maximiliano Tornet, con fines distintos a los que perseguían los mineros.

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  24“Río Tinto Company Limited”.
 25 La “Liga Antihumos” la dirigió durante muchos años el que fuera diputado y vicepresidente de la Diputación de Huelva, D. José María Ordóñez Rincón. Este abanderado de la lucha anti-humista era yerno de José Lorenzo Serrano, uno de los principales caciques de Zalamea la Real.
  26LOS HUMOS DE HUELVA. Artículos publicados en el periódico EL DÍA. (Documento de 29 páginas mecanografiadas). MADRID, 1888.
  27 Ídem (página 38).
 28 Periódico EL SIGLO FUTURO, correspondiente al 9 de febrero de 1888.
  29 Periódico LA MONARQUÍA, correspondiente al 26 de febrero de 1888.


viernes, 8 de marzo de 2013

Los humos de las teleras. Desde sus orígenes hasta después de los sucesos del 4 de febrero de 1888 en las Minas de Riotinto (V y VI). Por Antonio Perjil Delay


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5.- LAS PRIMERAS QUEJAS SOBRE LOS HUMOS: EL CASO DE ZALAMEA LA REAL Y OTROS PUEBLOS AFECTADOS

Preparación de las Teleras antes de encenderals
En una época en la que casi todos los poblamientos limítrofes con Zalamea pertenecían a este Ayuntamiento, es lógico que fuesen los vecinos de esta antigua villa los primeros en protestar contra los humos de las calcinaciones. Sin embargo, para que sus protestas tuvieran el eco deseado, no lo hicieron a solas, sino que se buscaron el apoyo de otros 8 pueblos, entre los que se encontraban: Campofrío, La Granada, Almonaster la Real, El Berrocal, Santa Ana la Real, Alosno, Calañas y El Cerro (17) . Este documento está escrito en 1878, y además de los nueve ayuntamientos que hemos citado, lo suscribe también la Diputación Provincial de Huelva.

El soporte legal en el que apoyaban los vecinos de estos nueve pueblos sus protestas eran el Artículo 74º de la Ley de Minas de 6 de julio de 1.859, al cual nos hemos referido anteriormente. Pero por otro lado estaban los Reales decretos de 8 de junio de 1.813, de 1º de diciembre de 1.858 y de 14 de marzo de 1.860; las Reales órdenes de 19 de junio de 1.861, de 21 de diciembre de 1.863 y de 26 de marzo de 1.847; además de la Ley de sanidad, de 28 de noviembre de 1855. Aunque la que defendieron con más énfasis ante las altas esferas del Gobierno, fue la Real orden de 21 de diciembre de 1.863, porque en ella les fue de mucha se declaraban “altamente dañosas a la salud pública y a la vegetación de los campos las emanaciones sulfurosas antimoniales y arseniales que arrastran los humos (18) ”. 

A decir verdad, las veintiséis páginas de que se compone esta declaración de principios son una verdadera joya legal expositiva; lo lamentable es que sirviesen de tan poco en los años que siguieron. Sin embargo llama poderosamente la atención que en el mencionado Documento solamente se haga referencia a la “salud pública” en la portada y en los folios comprendidos entre las páginas 19 y 26, que son las que forman el añadido redactado por la Diputación Provincial de Huelva. De todo lo cual podemos inferir que a los nueve ayuntamientos que suscribieron esta protesta ante el Gobierno, les interesaba mucho más el daño que los humos sulfurosos producían sobre sus campos que las patologías o afecciones relacionadas con el estado de salud de sus convecinos.

Obviamente, las quejas de los vecinos de Zalamea, así como las de otros pueblos, no terminaron aquí; sino que en todo el arco de tiempo comprendido entre 1.878 y 1.888, se seguirían produciendo nuevas y continuadas denuncias, amén de los innumerables pleitos interpuestos por los vecinos afectados contra la todopoderosa “Río Tinto Company Limited”. Pero el análisis correspondiente a este periodo tan nefasto de la historia de los Humos de Huelva, lo haremos en capítulos siguientes.

6.- LA PROHIBICIÓN DE LAS CALCINACIONES POR EL AYUNTAMIENTO DE CALAÑAS


Para hacer un análisis lo más objetivo posible de por qué el ayuntamiento de Calañas y otros ayuntamientos afines prohibieron las calcinaciones cobrizas en sus respectivos términos municipales, convendría tener en cuenta el alarmante auge que experimentaron las teleras entre 1879 y 1886. Pues según Pedro Borrero, autor de Las Calcinaciones al aire libre en la provincia de Huelva (19) , en 1879 una Comisión compuesta por ingenieros de minas, calculó que unas 500.000 toneladas de mineral calcinado en la provincia de Huelva, afectaban a unas 200.000 hectáreas de terreno y expulsaban a la atmósfera unos 87.000.000 de metros cúbicos de gases sulfurosos. Pero entre 1879 y 1886, las teleras aumentaron de tal modo, que según las estimaciones que se hicieron, se calcinaron en este último año unos 2.000.000 de toneladas de mineral cobrizo, lo cual suponía verter a la atmósfera unos 400.000.000 de metros cúbicos de gases sulfurosos.

Quizás como consecuencia de este repentino aumento de las cantidades de mineral calcinadas, también aumentaron las quejas de los vecinos de Calañas, Almonaster la Real, El Cerro, Valverde, Puebla de Guzmán, Cortegana…que veían como sus campos eran completamente arrasados por los humos. Por tanto, era lógico que alguno de estos pueblos (como es el caso de Calañas) se erigiera en cabecilla de todas esas protestas y ordenara apagar las teleras en su municipio, argumentando que lo asistía la legislación municipal vigente. Pero antes de analizar pormenorizadamente el complicado proceso jurídico en el que se vio envuelto el ayuntamiento de Calañas, conviene matizar que ni el ayuntamiento de Nerva ni el de Río Tinto se pronunciaron formalmente en contra de las calcinaciones, a pesar de que eran dos de los municipios mineros más afectados por los humos. Luego veremos a qué se debía esa actitud tan complaciente y tolerante con la Compañía de Río Tinto.

Volviendo al asunto que nos ocupa, diremos que el Ayuntamiento de Calañas dictó un acuerdo para prohibir las calcinaciones en las minas de Sotiel Coronada y La Zarza, el 26 de septiembre de 1886. Dicho acuerdo estaba firmado: por el alcalde, el secretario y “…un sujeto que se titula  presidente de la Sociedad de Propietarios, en vista de una instancia que se dice suscrita en 18 de Marzo por 420 personas (20) …”.  Los informes que se elaboraron previamente, antes del citado Acuerdo, provenían de la Junta de Sanidad, el 16 de mayo; dos ingenieros agrónomos de Sevilla, el 25 de junio; el médico titular, el 16 de julio; el regidor síndico, el 19 de julio; y tres letrados de Sevilla, el 27 de dicho mes (21) . Como podemos observar, no era un acuerdo vulgar, sin cimentación jurídica, y redactado de cualquier manera. Quizás, el único inconveniente razonable que contenía el susodicho Acuerdo, es que se concedía a las compañías mineras de Sotiel y La Zarza solamente un mes para apagar sus teleras (22).

Debido a esta y a otras razones de carácter jurídico, muy pronto el Ayuntamiento y los vecinos de Calañas iban a ver revocado dicho Acuerdo; pues dos resoluciones del Gobernador Civil de Huelva, correspondientes al 28 de octubre de 1.886 y al 11 de junio de 1.887, dejarían sin efecto el Acuerdo de 26 de septiembre de ese mismo año, prohibiendo las calcinaciones. No obstante, hubo 11 vecinos de Calañas que (lejos de rendirse) promovieron una nueva ofensiva y enviaron al Gobierno de la nación varios escritos suplicatorios, argumentando las razones que les asistía para apagar las teleras; escritos a los que afortunadamente respondió el ministro de la Gobernación, Señor Albareda, con una Real Orden de 16 de diciembre de 1.887, mediante la cual le daba la razón a los vecinos de Calañas y ponía en tela de juicio las medidas adoptadas por el Gobernador Civil de Huelva (23).

Supuestamente, esta Real Orden le dio alas a Calañas y a otros pueblos del Andévalo para que prohibieran las calcinaciones en sus minas; pero la realidad fue bien distinta, ya que a pesar de haberlas prohibido también en sus respectivos términos municipales los ayuntamientos de Alosno, El Cerro y Cortegana, no surtieron prácticamente ningún efecto, ni a corto ni a medio plazo. Pues la cerrazón del Gobernador Civil de Huelva, unida a las continuas amenazas de las compañías mineras, dieron al traste con la Real Orden de 16 de diciembre de 1.887, y a la postre todo siguió igual, incluso hasta muchos años después de la masacre del 4 de febrero de 1888.
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 17 EXPOSICIONES AL GOBIERNO DE S. M. sobre los daños que ocasionan a la salud pública y a la agricultura los humos de las calcinaciones de los minerales cobrizos. Documento de 26 páginas, impreso en el año 1878. 
18  Ídem (documento de referencia, pág. 7).
  19BORRERO, Pedro. Las calcinaciones al aire libre en la provincia de Huelva. Documento de 30 páginas mecanografiadas. Madrid, 1887.
  20 LOS HUMOS DE HUELVA. Artículos publicados en el periódico EL DÍA (primera serie). Madrid, 1888.
  21 Ídem (página 12).
22  Ídem (página 11).
  23 GACETA DE MADRID Nº 351. Real Orden de 16 de diciembre de 1887 (pág. 758).



martes, 26 de febrero de 2013

Aprender de 'los Tiros'. (José Manuel Torres Ayala)

Hace 125 años y unos pocos días el periódico El Socialista escribía que “los mastines de la casta privilegiada, representados por un gobernador de provincia y un teniente coronel de ejército, han asesinado vil y cobardemente en Riotinto a una porción de hijos del trabajo, lo menos a una treintena de obreros, que, en unión de miles de compañeros suyos, y de un modo pacífico, reclamaron modestísimas mejoras”.

Un siglo y cuarto después vemos muy lejanos esos acontecimientos, como si nada tuvieran que ver con nosotros. Nos miramos el ombligo, nos notamos avanzar al compás del siglo XXI y erramos al confundir avances sociales con adelantos tecnológicos. En lo laboral no hemos evolucionado tanto. Los traspiés del pasado siguen siendo el pan nuestro de cada día en la Cuenca Minera. El trabajo, como hace más de un siglo, continúa vinculado a la minería, sin que en todos los febreros que han transcurrido hayamos encontrado una alternativa a depender de los designios de los mercados que tasan el precio del cobre.

'Año de los Tiros', Romero Alcaide
La agricultura se ha convertido en una de las pocas vías de escape para el desempleo en la comarca. Pero sus trabajadores, igual que en 1.888, siguen mirando al cielo cada mañana. Ya no suplican que no haya ‘manta’, sino que la lluvia no moje el campo y les permita acudir al tajo. Hoy, como hace 125 años, los obreros de la Cuenca Minera siguen siendo el estrato más débil.

En días de dificultad extrema como los actuales se añora la unión de los pueblos de la comarca en ‘El Año de los Tiros’. No hacen falta ‘Tornets’ ni ‘Lorenzos’ que manejen al pueblo, sino agentes sociales comprometidos que estén a la altura de las circunstancias, que sepan dejar en un segundo plano sus colores y busquen el bien común de los ciudadanos, de los que lo pasan mal, de nuestros casi 3.000 vecinos que no tienen trabajo o de los jóvenes que se ven obligados a emigrar para hallar un futuro digno.

Esta es la única forma de demostrar que hemos aprendido de la historia, que hemos sacado partido al arrojo de quienes aquel 4 de febrero perdieron sus vidas en pos de mejoras sociales y laborales. Entonces, las muertes no sirvieron más que para desencadenar una brutal represión y promulgar leyes incumplidas. Ahora, 125 años después, tenemos que reclamar el valor de aquellos ciudadanos y demostrar que, por fin, en la Cuenca Minera de Riotinto hemos sabido interpretar nuestra historia para encontrar soluciones a los problemas actuales. Ni azulejos ni flores. No va a haber mejor forma de conmemorar esos sucesos en este 2013 que encarar el futuro demostrando que hemos sabido aprender ‘de los tiros’.

Nota: Columna publicada en Viva Cuenca Minera, número: febrero 2013.


lunes, 18 de febrero de 2013

Los humos de las teleras. Desde sus orígenes hasta después de los sucesos del 4 de febrero de 1888 en las Minas de Riotinto (III)



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Preparación de las teleras antes de encenderse. ( Foto: APD)

3.- LA LEGISLACIÓN DE LA ÉPOCA, EN MATERIA DE CALCINACIONES


Hasta que las grandes compañías mineras onubenses (sobre todo, Tharsis y Río Tinto) no empezaron a calcinar grandes tonelajes de piritas al aire libre, la actividades de cementación artificial eran muy reducidas y los humos que desprendían las teleras eran prácticamente imperceptibles, si se comparan con los que empezaron a contaminar la comarca del Andévalo, desde 1.866 y 1.873 respectivamente, fechas de constitución de las citadas empresas. De todas formas, conviene aclarar que la única compañía que batió todos los records de calcinación, a partir de la década de los ochenta del siglo XIX, fue sin duda alguna la Río Tinto Company Limited. La cantidad de teleras en combustión llegó a ser tan enorme, que se dictaron incluso normas específicas para esta empresa.

En cualquier caso, si nos paramos detenidamente a ojear las leyes mineras más antiguas, observaremos que la normativa sobre gases sulfurosos a nivel nacional es prácticamente inexistente y muy genérica; lo cual no es óbice para comprender que ya los gobiernos liberales y conservadores de aquella época, habían intuido el problema de los gases sulfurosos procedentes de las calcinaciones, aunque el contenido de dichas leyes no estuviese plasmado ni desarrollado suficientemente en el papel legal.
La primera normativa general que hace referencia a las fábricas mineras de beneficio es la Ley de Minas de 11 de abril de 1.849, en la que se dice textualmente que “las minas se beneficiarán conforme a las reglas del arte; sus dueños y trabajadores se someterán a las de policía que señalen los reglamentos. Las transgresiones se corregirán con una multa de 400 a 2.000 reales, y el doble, caso de reincidencia. Si además, hubiere delito, será penado con arreglo a las leyes. En todo caso habrá resarcimiento de daños y perjuicios si se causaren (8)”. Como podemos observar, aún no se habla específicamente de los humos de las teleras, pero sí que aparecen reflejados los daños que pudieran causarse, así como las correspondientes multas o indemnizaciones que la ley estipula para resarcir dichos daños.
Existe también otra Ley de Minas de 1.853; que, aunque no hace alusión directa al modo de beneficiar los minerales piríticos, sí habla de expropiación forzosa por causa de utilidad pública; lo cual nos da a entender que posiblemente esta Ley le sirviera de argumento a la RTC para solicitar que las teleras se declarasen legalmente con esta denominación. El artículo al que nos referimos es el número 82 de la citada Ley y dice textualmente así: “Para la fundación y atenciones de las fábricas y oficinas de beneficio, o de lavaderos y establecimientos de preparación mecánica de minerales; procede la expropiación forzosa por causa de utilidad pública, mediante la indemnización ordinaria de daños y perjuicios, que se abonarán siempre que se originen a terceros (9) ”. Luego comprobaremos cómo estas mismas leyes, que satisfacen parcialmente las aspiraciones de las compañías mineras, se derogan y se dictan leyes nuevas y en sentido contrario, dependiendo obviamente del partido político que regente el poder en cada momento concreto de la historia de España. Incluso, podremos ver cómo hay leyes relativas a esta misma materia, que se contradicen entre sí.
Siguiendo el orden cronológico que hemos seguido hasta ahora, quizás la Ley que queda más clara en lo que a calcinaciones al aire libre se refiere, es la del 6 de julio de 1.859, complementada con la de 4 de marzo de 1868. Concretamente, es el Artículo 74º el que hace alusión a los gases y a los humos que desprenden dichas calcinaciones, mediante el siguiente texto (10): “En todo lo que sea relativo a las oficinas de beneficio de minerales y no se halle determinado en este capítulo, regirán las reglas del derecho común aplicable a los demás establecimientos industriales y se observarán los Reglamentos y órdenes de sanidad y policía. En su consecuencia, los daños y deterioros causados en arbolado y siembras por los humos, gases y sublimaciones procedentes de los hornos de una oficina de beneficio, serán indemnizados por el dueño de ésta (11) ”.
Hasta la promulgación del Decreto Albareda, el 29 de febrero de 1.888, suprimiendo las calcinaciones al aire libre, esta será la legislación dominante que se aplique en todos los centros mineros donde se calcinan piritas. Si observamos bien, el cuerpo central de este asunto, analizado desde la perspectiva de la Ley de Minas de 1.859, no prohíbe en absoluto las calcinaciones; lo único que hace es obligar a las compañías propietarias de las fábricas de beneficio y de las minas, a que indemnicen los daños producidos en la vegetación, pues ni siquiera se hace referencia a los daños producidos en las personas. Sin embargo, la Ley Municipal de 2 de octubre de 1.877, va a permitir que los ayuntamientos (o en su defecto, los alcaldes) tomen todos los acuerdos pertinentes en materia de salud e higiene públicas; no sin que, en alguna ocasión, tropiecen de plano con las decisiones tomadas por los gobiernos civiles de las provincias a las cuales pertenezcan dichos pueblos. El asunto de los humos de Huelva, como problema de salud pública, no será abordado por los pueblos de las comarcas mineras hasta 1.878, como veremos más adelante.

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  8. LEY DE MINAS de 11 de abril de 1.849 (Capítulo III, artículo 21º).
  9. LEY DE MINAS de 1.853 (Capítulo V, artículo 82º).
  10. LEY DE MINAS de 6 de julio de 1859, con las reformas hechas por la del 4 de marzo de 1868.
  11. Este segundo párrafo se le añadió en la nueva LEY DE MINAS del 4 de marzo de 1868.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Los humos de las teleras. Desde sus orígenes hasta después de los sucesos del 4 de febrero de 1888 en las Minas de Riotinto (II)

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2.- LAS PRIMERAS CITAS HISTÓRICAS RELACIONADAS CON LOS GASES SULFUROSOS DE LAS TELERAS

Paisaje de las teleras junto a la fábrica de ácido (A.P.D)
En todos los tratados antiguos que se refieren a las Minas de Río Tinto hay frecuentes alusiones al sistema de calcinación de minerales al aire libre. Estos libros (escritos por ingenieros de minas españoles como Lucas de Aldana, Rúa Figueroa, Joaquín Ezquerra del Bayo o Joaquín Gonzalo y Tarín) aunque no abordan en profundidad este sistema de beneficio utilizado en Río Tinto desde 1840 aproximadamente, sí que dejan bien claro los efectos pernicioso producidos por las calcinaciones sobre la arboleda y sobre la agricultura, a partir de esa fecha.

Hay una cita muy ilustrativa en la Revista Minera (4)  del año 1.852, que nos ha parecido oportuno insertar aquí: “El hecho es que en todo el término de estas minas (5)  los efectos deletéreos de tan gran cantidad de humos se han hecho sentir sobre todos los vegetales, dejándolos como abrasados por el fuego; que el hermoso pinar que no hace muchos años existía en la Mesa (…) ya no existe, así como tampoco existe el hermoso plantel de pinos jóvenes que adornaban parte de la misma Mesa y de las vertientes del Valle; que en ninguna casa particular se pueden cultivar los jardincillos ni las macetas de flores a que hay tanta afición en el país (…). 

Los objetos de hierro expuestos al aire, se oxidan y corroen con rapidez; una cerradura nueva y limpia, a los pocos minutos en tiempo de nieblas, se cubre de una espesa capa de orín; los objetos más usados de plata se ennegrecen continuamente; los tejados de los alpendes y casas más inmediatas a las plazas de calcinación, así como las rocas y todo el terreno, se cubren de una capa amarilla verdosa de azufre libre…”.
Otro cita histórica de suma importancia, es la que aparece consignada en el libro de Joaquín Gonzalo y Tarín. (6) En dicha cita se pone de manifiesto que antes de la venta de las minas a la “Río Tinto Company Limited”, en 1.873, los campos adyacentes a la explotación minera gozaban todavía de una buena salud, comparados con la situación en la desgraciadamente quedaron algunos años más tarde. Veamos lo que decía en aquella época, este ilustre ingeniero: “A mediados del presente siglo (7) aún había en aquellos parajes extensos rodales de encinas y pinos que, con abundantes especies de monte bajo, constituyeron en otros tiempos espesos bosques y cerrados matorrales, donde el ciervo y el jabato tenían sus guaridas; pero hoy no queda ya sino el recuerdo de todo aquello, pues la acción de los gases procedentes del beneficio local de los minerales, fueron arrasando poco a poco y sucesivamente aquellos bosques (…) hasta lograr impedir toda vegetación en una zona considerable. Así que el aspecto que en la actualidad presentan las cercanías de las minas es ingrato y severo, viéndose por todas partes escarpadas y desnudas rocas, medio veladas por blanquecinas nubes de gases sulfurosos, que a la manera de inmensa manta, lo cubre todo en las mañanas húmedas y sin viento”.

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  4. REVISTA MINERA, correspondiente al año 1852 (pág. 114). Caracteres particulares de los vapores que se desprenden  en la calcinación de las piritas cobrizas de Río-Tinto, sus perniciosos efectos en la vegetación y en la salud pública.
  5. Se refiere a las Minas de Río Tinto
  6. GONZALO TARÍN, Joaquín. MEMORIAS DE LA COMISIÓN DEL MAPA GEOLÓGICO DE ESPAÑA. Descripción física, geológica y minera de la provincia de Huelva (pág. 264-265). Madrid, 1888.
  7. Se refiere el autor al siglo XIX.

viernes, 8 de febrero de 2013

Los humos de las teleras (*1). Desde sus orígenes hasta después de los sucesos del 4 de febrero de 1888 en las Minas de Riotinto (I)

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1.- INTRODUCCIÓN
Postal de las Teleras. (A.P.D) 
Hasta mediados del siglo XIX, las únicas minas en las que se calcinaban minerales de cobre al aire libre, aunque en muy reducidas proporciones, eran las de Río Tinto. Pero a partir de esa fecha, fue tal el número de compañías extranjeras que se constituyeron para explotar los numerosos criaderos onubenses de la provincia de Huelva, que casi todas ellas utilizaron el mismo sistema para beneficiar los minerales sulfurosos de baja ley en cobre: este sistema fue el tan popularmente conocido por el nombre de TELERAS.

Como consecuencia de esta práctica supuestamente ilegal, las emanaciones de gases sulfurosos y arsenicales empezaron a producir graves daños en la vegetación del entorno de las minas, y también en el organismo de las personas que se encontraban próximas a ese tipo de humaredas o mantas (2) . Esas humaredas de ácido sulfuroso que vertían permanentemente miles y miles de teleras, dieron lugar a que muchos vecinos de los pueblos mineros y limítrofes se quejaran y exigieran de las autoridades alguna solución que viniera a poner fin al sistema de las calcinaciones al aire libre.

Sin embargo, lejos de resolverse el problema de los Humos de Huelva  por las vías judiciales o administrativas ordinarias, las compañías mineras siguieron haciendo oídos sordos a las quejas vecinales y continuaron quemando ingentes cantidades de pirita, sin tener en cuenta las normas de salubridad más básicas y elementales…hasta que dichas empresas se vieron “obligadas” a abandonar el método de las teleras, cuando lo consideraron obsoleto o cuando pudieron sustituirlo por otros sistemas más rentables.

Por otro lado, hay que reconocer que las leyes sobre este asunto, a mediados del siglo XIX, eran prácticamente inexistentes, y las pocas que se referían a este asunto lo hacían de una forma tangencial y muy generalizada; de modo que hubo que esperar hasta el trágico año de 1.888 (Año de los Tiros), para que el Ministro de la Gobernación José Luis Albareda promulgara el famoso Decreto de 29 de febrero, sobre la supresión de las calcinaciones al aire libre; decreto que a la postre, tampoco serviría demasiado para resolver el problema de los Humos de Huelva (3) por las vías judiciales o administrativas ordinarias, las compañías mineras siguieron haciendo oídos sordos a las quejas vecinales y continuaron quemando ingentes cantidades de pirita, sin tener en cuenta las normas de salubridad más básicas y elementales…hasta que dichas empresas se vieron “obligadas” a abandonar el método de las teleras, cuando lo consideraron obsoleto o cuando pudieron sustituirlo por otros sistemas más rentables.

Por otro lado, hay que reconocer que las leyes sobre este asunto, a mediados del siglo XIX, eran prácticamente inexistentes, y las pocas que se referían a este asunto lo hacían de una forma tangencial y muy generalizada; de modo que hubo que esperar hasta el trágico año de 1.888 (Año de los Tiros), para que el Ministro de la Gobernación José Luis Albareda promulgara el famoso Decreto de 29 de febrero, sobre la supresión de las calcinaciones al aire libre; decreto que a la postre, tampoco serviría demasiado para resolver el problema de los Humos de Huelva.


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  (1) Montones de pirita ferro-cobriza, de forma cónica o tronco-piramidales que ardían espontáneamente durante 5 ó 6 meses, con el fin de convertir los sulfuros minerales en sulfatos solubles en el agua. Se les llamaba “teleras” por el gran parecido que tenían con cierto pan que se fabricaban en Andalucía durante aquellos tiempos.
  (2) En las Minas de Río Tinto se les llamaba mantas a las humaredas de gases sulfurosos que desprendían las teleras en combustión, atacando a las plantas y dañando las vías respiratorias de las personas.
  (3) Este conflicto permanente entre los vecinos de los pueblos afectados (sobre todo los agricultores) y las compañías extranjeras, fue conocido popularmente como el de Los Humos de Huelva

miércoles, 6 de febrero de 2013

martes, 5 de febrero de 2013

Las teleras: los humos de la discordia(Juan Castilla Navas)

Teleras de Riotinto, 1904. Foto: J.Castilla en ValverdeDiario 
El gran desarrollo de la minería onubense se produce en el último tercio del sigloXIX cuando llegan a esta tierra las compañías extranjeras para explotar los yacimientos de sulfuros de la faja piritica ibérica.                                                                                                                                   
Las compañías más importantes por el volumen de sus explotaciones fueron inglesas: la Tharsis Sulphur and Cooper Company Limited, que en 1866 compró los derechos de explotación de las minas de Tharsis, y sobre todas,  la Rio Tinto Company Limited que el año 1873 adquirió a la 1ª Republica Española la concesión a perpetuidad de las Minas de Rio Tinto. El montante de la operación supuso para las arcas del tesoro 92.800.000 ptas. un balón de oxigeno para la economía española que prácticamente estaba en bancarrota.

El Reino Unido en plena revolución industrial, demandaba grandes cantidades de azufre y cobre para cubrir las necesidades de su industria química y metalúrgica. Las compañías inglesas llegaron y explotaron a gran escala los yacimientos de Tharsis y Rio Tinto. La Rio Tinto Company Limited se convirtió en una de las mayores empresas de Europa, y Rio Tinto en uno de los complejos mineros más importantes del mundo.                                                                     
Para tener una idea del volumen que alcanzaron las explotaciones, en 1875, al poco tiempo de llegar los ingleses a Rio Tinto, se extraían  de esta mina 112.000 Tm de mineral al año, de las cuales el 48% se exportaba y el 52% se trataba en Riotinto para la obtención del cobre. Once años después en 1886 se extraían 1.650.000 Tm al año, de las cuales se exportaba el 30% y el 70% se calcinaba al aire libre para obtener cobre.     
                                                                                    
El método empleado para obtener el cobre era el llamado de cementación artificial, que consistía en la calcinación al aire libre (en las llamadas teleras) de las piritas ferro-cobrizas. En aquella época la minería era una actividad muy contaminante y la calcinación al aire libre una de las operaciones más agresivas contra el medioambiente.

Las teleras eran montones en forma de tronco piramidal con una base de leña  o monte bajo como combustible, encima se situaba el mineral a calcinar, se prendía fuego al combustible, comenzando la calcinación lenta del mineral. La utilización de madera y monte bajo como combustible suponía una amenaza de deforestación en la zona y la emisión de grandes cantidades de CO2 a la atmosfera. La calcinación del azufre de las piritas suponía la emisión de toneladas de gases sulfurosos, unos gases irritantes que producían picores en los ojos  y atacaban las vías respiratorias. La humedad y el agua convertía estos gases en lluvia acida que atacaba a los bosques y a las cosechas haciendo inviable la vida vegetal,  siendo muy perjudicial para animales y personas. El producto obtenido por la calcinación de las piritas se pasaba por unas piletas de “aguas agrias” y por disolución e intercambio iónico precipitaba el cobre. Las aguas residuales de estos tratamientos pasaban a los arroyos, los ríos y las aguas subterráneas. (...) 
Sigue leyendo el reportaje histórico de Juan Castilla en ValverdeDiario, AQUÍ 

Nerva, en el 125º del Año de los Tiros

Inauguración de la calle 4 de febrero de 1888
a la que asistieron todos los portavoces de los grupos
políticos del Ayuntamiento de Nerva. (Fotos: Onda Minera RTV)

 Inauguración
de la nueva vía  de Nerva
Avenida 4 de febrero de 1888. En homenaje a los vecinos caídos por el fuego de fusiles protagonizado por el regimiento de pavía a las puertas del Ayuntamiento de Riotinto el 4 de febrero de 1888, más conocido como el Año de los Tiros, el pleno del Ayuntamiento de Nerva acordó el pasado jueves por unanimidad la rotulación de una de sus calles con esa fecha. La Avenida 4 de febrero de 1888, que va desde el IES Vázquez Díaz hasta el apeadero de autobuses de la localidad minera en la conocida zona de El Punto, -rodeada de escorias mineras y  por donde salían cientos de mineros nervense en dirección a la localidad vecina de Riotinto para trabajar en las minas-, se inauguraba ayer 4 de febrero de 2013 a las 17 horas y en el que estuvo presente el Delegado Territorial de Educación, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, Vicente Zarza. Asimismo, al acto acudieron los portavoces de los grupos políticos del Consistorio y tras el descubrimiento de la placa conmemorativa de la calle, se leyó un manifiesto institucional. 

Conferencia 125º Aniversario del Año de los tiros.
Museo Vázquez Díaz /Foto: Onda Minera RTVN
Conferencia de María Dolores Ferrero. La profesora de la Universidad de Huelva, María Dolores Ferrero ofreció ayer en el Museo Vázquez Díaz una interesante conferencia sobre las causas que provocaron los trágicos hechos que acaecieron en la Plaza de Riotinto, bajo el título: "4 de febrero de 1888: la primera huelga minero-agrícola de la historia. Causas, desarrollo y consecuencias de la misma”.


La exposición ante el cuadro
de RomeroAlcaide 
Exposición 125 aniversario del Año de los Tiros. El museo Vázquez Díaz de Nerva acoge estos días -y hasta el próximo mes de mayo-, una exposición conmemorativa del Año de los Tiros con una monográfica de óleos del artista nervense Antonio Romero Alcaide, - nuestro pintor minero por excelencia y quien mejor ha sabido plasmar los trágicos sucesos- junto con varias reproducciones de la época. 

Jornada de senderismo en Nerva por el 125º Aniversario del Año de los Tiros. El domingo día 3 de febrero por la mañana se realizó una ruta de senderismo por la antiguas zonas mineras hasta llegar a la zona donde se encuentran ubicadas las últimas “teleras” de la época. Esta actividad contó con una gran afluencia de participantes. 

-Reportaje gráfico de Fernando Izquierdo Cuéllar -

Los participantes en la Jornada de Senderismo 125º

Los senderistas estuvieron rodeados en la ruta
de los paisajes únicos de la zona
Los senderistas en su ruta por una tierra agreste

El historiador y poeta nervense, Juan Francisco Román
puso voz a la historia de los parajes 
El río Tinto y su espectacularidad, acompañante
 de los senderistas  y testigo de nuestra historia. 
Zona de las antiguas Teleras de Marismillas Nerva 
Los senderistas hacia las Teleras

La ruta minera que invita a la fotografía 

1888: Las teleras (@CuencaRiotinto)

#125 Sabías que fueron las “teleras” el inicio de la deforestación de la cuenca minera
Las teleras, calcinaciones de Riotinto 

lunes, 4 de febrero de 2013

125º aniversario del 'Año de los Tiros', en La Factoría

125 ANIVERSARIO del 4-2-1888,  de José Manuel Delgado 
Hoy en la Cuenca Minera de Riotinto conmemoramos los 125 años de aquel trágico 4 de febrero de 1888, el Año de los Tiros. La prensa onubense y en numerosos sites webs se ha hecho eco. Sin embargo.  sólo  Nerva y Riotinto han programado actividades homenaje a esta efeméride para hoy, aunque  estamos seguro de que el recuerdo de los tantos y tantos paisanos que murieron en aquella manifestación contra los humos de las calcinaciones al aire libre,- obreros, mujeres, agricultores y niños- permanece en la retina de todos los habitantes de la comarca. 

Por ello, aquí,  en La Factoría intentaremos en este mes recopilar todo lo que se vaya haciendo sentir acerca de esta fecha. Sirva esta foto del catalán de corazón minero, José Manuel Delgado de portada a nuestro humilde tributo a nuestro "4 de febrero- Año de los Tiros"

Riotinto y Nerva conmemoran el 125º aniversario del Año de los Tiros


Habrá una repoblación forestal, ofrenda floral y conferencias Nerva inaugurará la calle 4 de febrero de 1888 y una exposición

Programa de actividades
Minas de Riotinto 
 Huelva Información 4.02.2013. La localidad de Minas de Riotinto conmemora el 125 aniversario del Año de los Tiros con un amplio y variado programa de actos con el que pretende rendir un homenaje a todas aquellas personas que fallecieron en aquel trágico episodio histórico por la acción del regimiento de Pavía contra los huelguistas reunidos en torno al edificio consistorial. 

La programación se iniciará hoy, a las 10:00, con una repoblación forestal, organizada por la comunidad educativa del CEIP Virgen del Rosario, que correrá a cargo de los más pequeños del pueblo. A continuación tendrá lugar, en el monumento conmemorativo del Año de los Tiros, una ofrenda de flores en memoria de los ciudadanos fallecidos ese día, que irá acompañada de la lectura, a cargo de Rafael Sousa, del poema Canción triste del 4 de febrero, de la obra inédita de Juan Delgado López, Sangre Perseguida. 

(...) 

Programa de Actividades Nerva 
Por su parte, en Nerva se inaugurará la avenida 4 de febrero de 1888, que va desde el IES Vázquez Díaz hasta el apeadero de autobuses de la localidad minera, en la conocida zona de El Punto, rodeada de escorias mineras, por donde salían cientos de mineros nervense en dirección a la localidad vecina de Riotinto para trabajar en las minas. En el acto de homenaje, que se llevará a cabo, a las 17:00, se procederá a la lectura de un manifiesto institucional. 

Un par de horas más tarde, la profesora de la Universidad de Huelva, María Dolores Ferrero dará la conferencia 4 de febrero de 1888: la primera huelga minero-agrícola de la historia. Causas, desarrollo y consecuencias de la misma, en el salón de actos del museo Vázquez Díaz. 

A las 20:00, se inaugurará una exposición monográfica de óleos del artista nervense Antonio Romero Alcaide, el pintor que mejor ha sabido escenificar el entorno de la época y los sucesos acontecidos durante aquella fatídica tarde, así como varias reproducciones fotográficas de la época. La muestra permanecerá abierta hasta el 31 de mayo.

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